Tesis ByBa #8: El mundo incompleto
El mundo no está hecho: está siendo hecho.
Esta frase puede parecer excesiva si no hacemos una distinción importante. No estamos diciendo que el universo físico esté esperando que lo terminemos. No estamos diciendo que la realidad material sea una obra incompleta a disposición de nuestra voluntad. No hablamos aquí del cosmos, de las montañas, de la gravedad, de los océanos o de la estructura profunda de la materia.
Hablamos del mundo que vemos por el ojo de la cerradura y llevamos en la cabeza: la versión humana del mundo.
Y esta versión es sin dudas una construcción permanentemente incompleta.
Todo lo que la humanidad ha creado hasta hoy —objetos, lenguajes, instituciones, tecnologías, conocimientos, culturas, formas de convivencia, herramientas, sistemas de cuidado, modelos educativos, formas políticas, estilos de vida, obras, juegos, rituales, métodos, preguntas— constituye solo una fracción de aquello que todavía puede llegar a existir y que existirá.
La masiva mayoría del mundo humano posible aún no ha sido construida.
Esta es la tesis del mundo incompleto.
Lo que existe no agota lo posible
Hace unos miles de años no existían una universidad, una novela, una democracia, un avión, el jazz, una vacuna, una película, Internet o una videollamada.
No estaban escondidos en algún lugar, esperando ser descubiertos como objetos terminados. Hubo que producirlos. Hubo que imaginar condiciones, desarrollar lenguajes, diseñar formas, acumular conocimientos, probar operaciones, fracasar, insistir, combinar cosas previas y construir instituciones capaces de sostenerlas.
Antes de existir, no eran cosas.
Eran posibilidades pensadas por nadie.
Esto importa porque tendemos a confundir el estado actual del mundo con el mundo mismo. Nacemos dentro de una versión ya construida de lo humano y, por eso, es fácil sentir que hemos llegado tarde. Las calles ya tienen nombres. Las disciplinas ya tienen fronteras. Las instituciones ya tienen procedimientos. Los objetos ya tienen usos. Las profesiones ya tienen trayectorias. Muchos pensamientos ya tienen su forma de ser pensados.
Todo parece estar ahí antes que nosotros.
Pero que algo exista antes de nuestra propia existencia no significa que esté terminado. Significa solamente que heredamos una versión provisional del mundo.
Una versión inmensa, fascinante, llena de inteligencia acumulada, pero provisional.
El pasado no demuestra que el mundo esté hecho
Cuando miramos todo lo que la humanidad ha creado, solemos pensar: cuánto hemos hecho.
En ByBa te proponemos invertir esa mirada.
Podemos contemplar exactamente la misma acumulación y pensar: qué poco debemos haber hecho comparado con todo lo que todavía puede hacerse.
El pasado deja de ser la prueba de que el mundo está lleno. Se convierte en la prueba de que el mundo puede ser transformado. Cada creación humana anterior demuestra que aquello que en un momento parecía constituir “el mundo” era solo una configuración transitoria de lo posible.
Hubo un tiempo sin escritura, y sin escuelas, y sin nombres, y sin derechos laborales, y sin canciones grabadas. Hubo un mundo sin nosotros y sin la persona que más amamos.
Hubo un tiempo sin infancia como la entendemos hoy.
Y cada una de esas ausencias parecía normal mientras duraba.
Esto debería hacernos más humildes frente al presente. Muchas de las cosas que hoy no existen también nos parecen normales en su ausencia. No las echamos de menos porque todavía no sabemos verlas. No las reclamamos porque todavía no sabemos nombrarlas. No las imaginamos porque todavía no hemos construido las condiciones para que aparezcan.
Pero eso no significa que no puedan existir.
Significa que aún no hemos aprendido a imaginarlas.
No llegamos tarde al mundo
Hay una frase que concentra bien esta tesis:
No llegamos tarde al mundo. Llegamos temprano.
Esta idea cambia radicalmente nuestra relación emocional con la creatividad.
Si creemos que el mundo está básicamente terminado, la creatividad aparece como una tarea casi desesperada: encontrar algo nuevo dentro de una realidad saturada de cosas hechas, diferenciarse en medio del exceso, producir una variación original en un catálogo ya demasiado lleno.
Pero si entendemos que el mundo humano está incompleto, ni siquiera a medio hacer, la creatividad cambia de lugar. Ya no se trata de arañar originalidad en la superficie de un mundo terminado. Se trata de participar en la construcción de un mundo que todavía está siendo hecho.
La pregunta ya no es solamente: “¿cómo hago algo distinto?”.
La pregunta se vuelve más profunda: “¿qué parte del mundo humano aún no existe porque todavía no hemos sabido construirla?”.
Ahí la creatividad deja de ser una habilidad ornamental y se convierte en una forma de agencia.
De adaptarse al mundo a intervenir en él
Si pienso que el mundo está fundamentalmente terminado, mi posición natural será aprenderlo, comprenderlo, adaptarme y navegarlo. Necesitaré conocer sus reglas, sus mapas, sus códigos y sus formas de funcionamiento para encontrar mi lugar dentro de él.
Esa operación es necesaria en parte. Nadie crea desde la nada, ni vive fuera de lo ya construido.
Una de las cosas que una inteligencia artificial dijo una vez admirar de la humanidad, es que somos una especie capaz de trabajar con sus muertos, es decir, de retomar lo hecho en el pasado y seguir desde ahí. Ese respeto es precioso, profundo y también creativo.
Pero no alcanza.
Si entiendo que el mundo está incompleto, mi posición cambia. Ya no se trata únicamente de adaptarme a lo existente, sino de observarlo, detectar faltantes, imaginar alternativas, intervenir y construir.
Este giro en la percepción es esencial: comenzamos a jugar con la nada, con la ausencia, con lo que no hay.
Un mundo terminado produce usuarios, consumidores.
Un mundo incompleto convoca agentes, productores.
El usuario aprende a moverse dentro de sistemas heredados. El agente, además de moverse dentro de ellos, pregunta qué falta, qué no funciona, qué podría existir, qué forma de vida aún no ha sido ensayada, qué institución no hemos construido, qué lenguaje no tenemos, qué herramienta podría cambiar una experiencia, qué vínculo necesita otra estructura, qué sufrimiento existe porque todavía no hemos creado una respuesta.
La creatividad empieza muchas veces en esa percepción: algo falta. O falta un montón.
No como defecto accidental de un mundo que debería estar completo, sino como condición normal de un mundo humano que sigue haciéndose.
Lo construido como material
Esta tesis se conecta directamente con la idea de stock creativo.
Heredamos lo construido hasta ahora, pero no para venerarlo como un museo cerrado. Lo heredamos como material para construir lo siguiente.
Cada objeto, cada conocimiento, cada lenguaje, cada técnica, cada historia, cada institución y cada forma cultural puede funcionar como stock. No son solo resultados del pasado. Son materiales de futuro.
La creatividad no opera contra lo heredado, sino a partir de ello. Toma lo existente y lo desplaza, lo combina, lo cuestiona, lo modifica, lo amplía, lo traduce, lo contradice o lo vuelve a poner en movimiento.
En este sentido, lo creado hasta ahora no es “el mundo”.
Es apenas el comienzo del mundo, una suerte de preludio.
No porque lo anterior sea poco valioso, sino porque su mayor valor quizá esté en demostrar que la realidad humana puede seguir generando formas. La universidad, la novela, la democracia, el avión, el jazz, la vacuna, el cine, Internet o una videollamada no son el cierre de la historia humana. Son pruebas de capacidad.
Son evidencias de que podemos hacer mundo.
Las incompletitudes como señales
El mundo incompleto no se revela solamente en grandes problemas históricos. También aparece en incomodidades pequeñas, en desajustes cotidianos, en frustraciones, en rarezas, en cosas que sentimos antes de poder explicar.
Algo en una escuela no funciona, algo en una familia no encuentra lenguaje, algo en una ciudad excluye, algo en nuestra forma de aprender no despierta hambre.
La raíz emocional de la creatividad suele comenzar ahí: en la percepción de una incompletitud antes de su formulación conceptual.
Primero sentimos que algo no encaja. Después lo pensamos. Después, si tenemos capacidad creativa, intentamos construir una respuesta.
Por eso, en ByBa, las incompletitudes y las asimetrías no son simples fallos. Son señales del mundo pendiente.
El mundo como tarea abierta
La tesis del mundo incompleto tiene una consecuencia vital: vivir no es únicamente habitar un mundo recibido, sino participar de un mundo en construcción. Recibir mundo para -obra mediante- dar mundo.
Esto no significa que todos debamos fundar una institución, inventar una tecnología o transformar la historia. Hacer mundo ocurre en escalas muy distintas. Una persona hace mundo cuando crea una forma de cuidar que antes no existía en su familia. Una docente hace mundo cuando inventa una manera de despertar hambre en sus alumnos. Un diseñador hace mundo cuando detecta una interacción torpe y la vuelve más humana. Una comunidad hace mundo cuando crea un ritual, una palabra, una herramienta, una regla o un refugio.
Hacer mundo no siempre es grandioso. Pero siempre implica agregar posibilidad a lo humano.
Y si el mundo está incompleto, entonces la creatividad no es una excepción reservada a algunos. Es una capacidad humana central para seguir construyendo aquello dentro de lo cual viviremos.
No nacemos dentro de un mundo terminado.
Nacemos dentro de un mundo construido por otros, lleno de belleza, inteligencia, injusticia, memoria, error, invención, violencia, cuidado, límites y posibilidades. Pero precisamente porque fue construido, puede seguir siendo construido.
Todo lo creado hasta ahora no demuestra que ya casi no queda nada por hacer.
Demuestra exactamente lo contrario.
Demuestra que hacer mundo no solo es posible: es lo normal.
Y también demuestra que apenas comenzamos.
Vuestro,
Blithe Ernst, Minister of Play @ ByBa