María Elena Walsh
El permiso de imaginar
¿Qué pasa cuando una vaca decide ir a la escuela?
Para María Elena Walsh, esa pregunta no necesitaba una corrección. Necesitaba una canción.
Poeta, escritora, compositora y cantante argentina, María Elena Walsh creó uno de los universos infantiles más singulares de la cultura en español. Sus tortugas viajeras, sus reinas batatas y su Reino del Revés acompañaron a generaciones de niños.
Pero María Elena no escribía para ofrecerles un mundo más pequeño y sencillo que el de los adultos. Les abría uno inmenso, donde las palabras podían jugar, las reglas podían darse vuelta y lo imposible merecía ser explorado.
Y ahí reside buena parte de su importancia para la creatividad.
El disparate como permiso
De niños, quizá nos atraía simplemente el disparate.
Una vaca que estudia. Una tortuga que viaja. Un reino donde las cosas suceden al revés.
De adultos podemos reconocer algo más profundo en ese juego: el permiso para alterar las reglas de la realidad sin pedir disculpas por hacerlo.
María Elena convirtió el absurdo en una invitación. Si una palabra puede comportarse de otro modo, quizá una idea también. Si podemos invertir un mundo durante tres minutos, también podemos preguntarnos por qué el verdadero tiene que funcionar siempre de la misma manera.
Sus canciones y relatos no solo ejercitaban su propia imaginación.
Hacían ejercitar la nuestra.
Hablar con los niños, no bajar hasta ellos
Parte de su singularidad estuvo también en tomarse en serio la inteligencia infantil.
El juego verbal, el humor y el absurdo no aparecían como una simplificación del mundo adulto, sino como formas diferentes de entrar en él.
María Elena entendía que la infancia podía convivir con palabras extrañas, dobles sentidos, contradicciones y preguntas sin respuesta inmediata.
Eso también es educar creativamente: no explicar todo, no cerrar demasiado pronto una posibilidad, no apresurarse a devolver cada cosa a su lugar.
A veces hay que dejar que la vaca vaya a la escuela.
Y ver qué ocurre.
El asombro tampoco tiene edad
María Elena escribió y cantó también para adultos y defendió la libertad de expresión con la misma voz capaz de inventar mundos imposibles.
Quizá por eso sus obras pueden acompañarnos durante tanto tiempo.
De niños descubrimos el juego.
De mayores descubrimos la irreverencia que había dentro de él.
Nos recuerda que el asombro no pertenece exclusivamente a la infancia. Podemos recuperarlo cada vez que escuchamos una pregunta inesperada sin apresurarnos a responderla, cuando jugamos con una palabra hasta que deja de significar lo habitual o cuando aceptamos seguir una idea absurda solo para descubrir adónde podría llevarnos.
Para probar en familia
Esta semana, la invitación es sencilla:
inventemos algo que no podría suceder.
Un animal que abre una tienda.
Una calle que cambia de lugar.
Una palabra nueva para nombrar la lluvia.
No hace falta corregirlo ni convertirlo enseguida en algo razonable.
Dejad que la historia crezca.
Preguntad qué ocurre después.
Añadid otra imposibilidad.
María Elena Walsh sabía que, a veces, un mundo entero puede comenzar así.
Con una pregunta disparatada a la que alguien decidió no contestar:
“Eso no puede pasar.”
Ella nos enseñó algo mucho más creativo:
“Veamos qué pasa si pudiera.”
Clody, Lady Play @ ByBa