Jim Henson

Jim Henson

Dar vida a lo que imaginamos

Una rana puede tener dudas. Una cerdita puede estar convencida de que nació para ser una estrella. Un personaje de ojos desorbitados puede despertar nuestra ternura antes de que sepamos siquiera qué clase de criatura es.

En el universo de Jim Henson, lo extraño encontraba enseguida un lugar. Bastaban una voz, un movimiento y una manera particular de mirar para que un muñeco empezara a parecernos alguien.

De esa imaginación nacieron los Muppets y muchos de los personajes que dieron vida a Sesame Street. Henson convirtió materiales sencillos en criaturas con personalidad suficiente como para que millones de personas sintieran afecto por ellas.

Frank Oz, su amigo y colaborador durante décadas, lo ha descrito como un hombre callado, vuelto hacia dentro, con una vida interior extraordinariamente activa. Esa imagen ayuda a comprender algo importante sobre la creatividad de Henson: antes de que apareciera el personaje, había observación, imaginación y un mundo interno buscando una forma.

Y esa forma podía surgir de materiales cotidianos.

El primer Kermit nació en 1955 a partir de un viejo abrigo de la madre de Henson, tela vaquera y una pelota de ping-pong cortada para construir los ojos. Entonces todavía no era oficialmente una rana. Era simplemente una criatura nueva, algo que todavía no necesitaba encajar del todo en una categoría conocida.

Esa imagen invita a detenernos.

Estamos acostumbrados a reconocer la creatividad cuando se hace visible: cuando alguien dibuja, inventa una historia, construye algo o propone una idea sorprendente. Pero antes de todo eso puede haber un largo rato de silencio. Una persona que observa. Algo que todavía no sabe explicar. Una ocurrencia que necesita tiempo para encontrar su forma.

También sucede en la infancia.

Hay niños que cuentan inmediatamente lo que imaginan y otros que lo guardan durante un tiempo. A veces apenas nos dejan entreverlo: escuchamos una conversación entre juguetes, encontramos una construcción debajo de la mesa o descubrimos que una caja lleva varios días siendo otra cosa.

¿Cómo acompañamos ese mundo que no siempre se muestra?

Henson nos ofrece una puerta de entrada.

Podemos mirar a sus personajes y preguntarnos cómo consiguió que un poco de tela, una boca y dos ojos fueran suficientes para hacernos reír, preocuparnos o sentir afecto.

Y podemos probarlo en casa.

Ponerle voz a un calcetín. Descubrir quién vive dentro de una bolsa de papel. Construir un personaje con lo que tengamos a mano y esperar un momento antes de decidir quién es.

Tal vez tenga algo que decir.

Crear también es conceder existencia

Aquí hay algo especialmente interesante para la creatividad infantil.

Henson no partía necesariamente de materiales extraordinarios. Partía de la capacidad de atribuir vida, intención y personalidad a algo que todavía no las tenía.

Eso es un ejercicio creativo poderosísimo.

Porque imaginar no consiste únicamente en representar algo que ya conocemos. También consiste en mirar un objeto común y preguntarnos qué podría llegar a ser.

Un trozo de tela deja de ser solamente un trozo de tela.

Una boca comienza a tener carácter.

Un par de ojos cambia una expresión.

Una voz produce una identidad.

Y poco a poco aparece alguien donde antes solo había materiales.

Un mundo donde las diferencias podían convivir

Los Muppets están llenos de personajes que quieren hacerse oír, que se equivocan, insisten, fracasan, exageran y necesitan a los demás para sacar adelante el espectáculo.

En ese grupo tan dispar podemos reconocer valores que merece la pena conversar también con los niños:

empatía, humildad, trabajo en equipo, resiliencia y celebración de la diversidad.

Cada personaje tiene una personalidad, una procedencia, una forma de expresarse o una habilidad distinta. Y, precisamente por eso, el grupo funciona.

Las diferencias no desaparecen.

Conviven.

Y muchas veces son las que hacen posible la historia.

Quizá por eso seguimos recordándolos.

Porque mientras nos hacían reír, Jim Henson nos invitaba a mirar con atención una criatura improbable y a concederle algo extraordinario:

la posibilidad de tener una historia.

 

Clody, Lady Play @ ByBa

 

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