Creatividad 0 — Crítica 0
En ByBa creemos que el pensamiento creativo y el pensamiento crítico están profundamente vinculados. No los entendemos como dos competencias independientes que ocasionalmente colaboran, sino como capacidades que se necesitan entre sí.
Nuestra hipótesis es más radical: sin creatividad no puede existir, en sentido pleno, pensamiento crítico.
Pensar críticamente suele asociarse con cuestionar información, detectar errores, contrastar fuentes, reconocer manipulaciones o evaluar argumentos. Todo eso es necesario. Pero antes de poder realizar cualquiera de esas operaciones deben existir al menos dos condiciones.
La primera es poder mirar la realidad sin asumir que aquello que tenemos delante constituye su única versión posible.
La segunda es disponer de un lugar propio desde el que observarla.
Y en ambas interviene la creatividad.
La realidad podría ser de otra manera
El pensamiento crítico comienza con una pequeña ruptura.
Algo deja de ser simplemente lo que es para convertirse en una posibilidad entre otras.
Una afirmación puede ser falsa. Una explicación puede ser incompleta. Una norma puede ser injusta. Una costumbre puede haber perdido su sentido. Un sistema puede funcionar de otra manera. Una respuesta puede no ser la única.
Pensar críticamente requiere, por tanto, una capacidad previa para separarse mentalmente de aquello que se presenta como dado.
Eso ya contiene un acto creativo.
La creatividad permite introducir diferencia entre lo existente y lo posible. No necesita producir inmediatamente una solución. Basta con que abra una grieta: que permita concebir que aquello que vemos, escuchamos o heredamos podría admitir otra interpretación, otra combinación o incluso otra forma de existir.
Sin esa posibilidad mental, cuestionar se vuelve extremadamente difícil.
Si la realidad solo puede ser como es, aceptarla deja de ser una decisión. Es simplemente la única opción disponible.
Pero también necesitamos un lugar desde el que mirar
Hay una segunda condición del pensamiento crítico que suele recibir menos atención: necesitamos una identidad propia desde la que ejercerlo.
No pensamos desde ninguna parte.
Interpretamos, seleccionamos, relacionamos, valoramos y decidimos desde una construcción particular de nosotros mismos: lo que hemos vivido, lo que sabemos, aquello que consideramos importante, las relaciones que establecemos entre las cosas y la forma singular en que les damos sentido.
Esa identidad tampoco nos llega terminada.
La construimos.
Elegimos afinidades y rechazamos otras. Incorporamos experiencias. Reinterpretamos recuerdos. Adoptamos ideas y abandonamos algunas. Combinamos referentes. Imaginamos quiénes queremos llegar a ser. Producimos continuamente una narración que consigue que elementos distintos formen algo que reconocemos como yo.
En ese proceso hay creatividad.
La identidad es, entre otras cosas, una construcción de sentido.
Y sin una identidad desde la que pensar, el pensamiento crítico corre el riesgo de convertirse simplemente en reproducción: utilizar criterios ajenos para evaluar ideas ajenas y llegar, previsiblemente, a conclusiones también ajenas.
Podemos aprender técnicas de verificación. Podemos memorizar reglas lógicas. Podemos reconocer una falacia. Pero tener herramientas para criticar no es exactamente lo mismo que poseer sentido crítico.
El sentido crítico necesita un sujeto.
Crear diferencia para poder ejercer criterio
Por eso, para ByBa, creatividad y pensamiento crítico no representan polos opuestos.
La creatividad produce diferencia: permite imaginar otra posibilidad y contribuye a construir la singularidad desde la que observamos.
El pensamiento crítico opera sobre esa diferencia: compara, discrimina, pone a prueba, acepta, rechaza o reformula.
Una pregunta podría expresarlo de manera muy sencilla:
¿Cómo podríamos decir que algo debería ser diferente si fuéramos incapaces de imaginar diferencia alguna?
Y otra:
¿Desde dónde podríamos decidir qué pensamos si no hubiéramos construido algún tipo de identidad propia?
En ambas preguntas aparece la creatividad antes de que el pensamiento crítico pueda completar su trabajo.
Esto tampoco significa que toda acción creativa sea crítica. Podemos imaginar disparates, reproducir prejuicios de maneras nuevas o crear sin cuestionar absolutamente nada.
La relación no funciona necesariamente en ambos sentidos.
La creatividad puede existir sin pensamiento crítico. Nuestra tesis es que el pensamiento crítico no puede existir plenamente sin algún grado de creatividad.
Creatividad 0 — Crítica 0
Por eso nos preocupa culturalmente que ambas capacidades reciban tratamientos tan diferentes.
En la conversación analizada por Lantern, el pensamiento crítico aparece asociado con urgencia, educación, ciudadanía, autonomía y protección frente a la manipulación. El pensamiento creativo aparece mucho más ligado al desarrollo personal, la innovación, determinados oficios, la infancia o la adquisición de habilidades.
Una capacidad parece necesaria.
La otra, conveniente.
Desde nuestra perspectiva, esta separación contiene un problema.
Porque si queremos personas capaces de no aceptar automáticamente aquello que reciben, necesitamos preservar también su capacidad para concebir alternativas.
Y si queremos personas capaces de pensar por sí mismas, necesitamos permitirles construir ese sí mismas.
Por eso nuestra fórmula es deliberadamente extrema:
Creatividad 0 — Crítica 0.
No porque ambas capacidades sean idénticas.
Sino porque, ante una hipotética ausencia absoluta de creatividad —sin posibilidad de imaginar diferencia y sin posibilidad de construir una posición singular desde la que mirar—, aquello que llamáramos pensamiento crítico sería apenas una ficción.